No como comando, más bien como sustantivo. Por ejemplo: “Debo someterme a la espera de que la conciencia tuya me devuelva la oportunidad que yo arrebaté”.
No se si ya empezó la espera, no se si la decisión de que las cosas vuelvan la tomarás hoy, mañana, nunca. No se si te estoy haciendo daño prometiéndote que todo va estar mejor. No se si crees en mi ahora, cuando nunca creíste plenamente. No se si me lograste perdonar al fin por esa maldita ilusión que yo mismo me creé con aquel fantasma. No se si te das cuenta que yo me di cuenta lo grave que fueron mis fallas, por más leves que aparentaran ser en mi conciencia. No se si puedas descubrir que tras todas las cosas, sí te amaba. No se si puedas eliminar tus egoísmos, esos que yo obvié por amarte y por no despertar en ti un rencor y resentimiento que, vaya casualidad, igual despertaste. No se si fue sabio ser un hombre honesto, tratando de equilibrar las cosas para no hacerte daño.
No se como hacen aquellos que dejan a su mujer y a su hija en su hogar y se van a culearse otra un día de trabajo. Cómo hacen? No sentirán el remordimiento? Mi falla fue tener pensamientos, tener falsas ilusiones, fumarme un cigarrillo o un tabaco, mi falla fue escribir unas palabras, mi falla fue pensar que a través de mis experiencias podría elaborar un relato ficticio que se convirtiera en uno de esos tantos libros baratos que venden en el mercado de las pulgas. Quien sabe, quizás ese libro me hubiera dado un sustento monetario para poder vivir junto a mi pareja en paz y tranquilidad. Quizás ese libro pudo ser basura y causar tanto dolor de cabeza que no me queda otra cosa que destruirlo, tal cual muchos escritores fracasados han quemado sus manuscritos a la hoguera. Quizás cuando haga eso, con él se quemaran mis patéticas ilusiones de ser escritor, sólo porque lo que escribí, le llegó a lo más profundo del corazón de alguien a quien amaba. Y la lastimó. Por ende, me lastimó a mi.
Quizás me dejé llevar por la imaginación, y construí un mundo tan vivo que las demás personas lo alimentaban. Una realidad donde era yo el protagonista y los personajes a mi alrededor tenían un parecido horrorizante con las personas que en realidad estaban a mi lado. Así entonces el escritor en mi se salio del relato y se postergó frente al teclado para que fuese yo el que tratara de vivir sus malditas fantasias y por ende son sus características las que viven hoy día en la mente de todos aquellos que me rodean.
Pobre iluso. Quizás mejor hubiese sido quedarme en mi trabajo de vendedor de electrónicos baratos en Radioshack y nunca pensar que lograría nada. Quizás lo mejor fue no haber tomado aquella clase de escritura de ficción en español, que mal, por supuesto, ahí fue donde abrí esa caja de pandora que es mi imaginación y que se apoderó de mi vida.
Quizás deba entonces acoplarme a un mundo periodístico donde el deber es encontrar personas reales que tengan historias reales que impacten a personas reales y que causen dolores reales. Que sufran de verdad, o que gocen de verdad, que no tengan que mentirme para decirme sus historias, que no tenga yo que imaginar de qué manera pueden ser incluidas en mis escritos pues todo eso dependerá única y exclusivamente de lo que sean.
Pregunta: ¿Si el mundo ficticio que creé yo para una historia ficticia que creé yo para poder expresar lo que vivía, sentía, e imaginaba en un mundo real en el que vivía yo, se apoderó de ese mundo real en el que vivía yo para alimentar las ideas, los sentimientos imaginados, las fantasías imaginadas para el mundo ficticio que crearía para la historia ficticia… se convirtió en realidad?
Mi amiga soledad no sabe; y dudo que esta culpa que me pesa en el alma tenga algo que ver con eso. Pobre iluso.
Perdóname.






