La metáfora del lago

lago2.jpg

El aburrimiento era abrumador. Pesaba la tarde; una de esas de verano donde la sequía espantaba los zancudos. Más porque el tiempo se tardaba en pasar y la noche no llegaría sino bien hasta las 9 menos cuarto.

Me desesperaba estar quieto porque mi cabeza se convertiría en una licuadora industrial con un fuerte cóctel de siete tragos blancos. Al mejor estilo de “Palos de Moguer”.

Cómo me caería de bien uno de esos en estos momentos.

Pues sentado en los escalones de la puerta de mis padres decidí levantarme, mirar calle abajo por el vecindario, y caminar.

La calle estaba vacía salvo uno que otro carro que adornaba sus costados; gente que visitaba mis vecinos.

***

La distancia de la casa de mis papás al lago no es más de una milla. Caminando uno tarda unos 10 ó 15 minutos en llegar. Pero nunca pensé en que sería una buena idea ir contigo al lago. Nunca me acordé que existe un camino bajo las torres eléctricas que es espacio público y por ende podríamos ir por allí hasta llegar a la orilla. Nunca lo pensé - y eso que hubiera sido uno de esos planes que tanto te gustaba que hiciéramos.

Así fuera por el simple hecho de salir a caminar; o pues, por qué no, también por el hecho de ir hasta un lago juntos.

Eso hice hace un par de días. Caminé por el vecindario pensando en la tierra que estaba en cima del asfalto. Pensé en los buzones de los vecinos, en aquel hombre tres casas más abajo que plantaba en su ante jardín. En el Audi que vi hacía unos 20 minutos entrar al vecindario, pero que ahora se encontraba inerte bajo los fuertes rayos del sol.

Llegué al cruce entre la calle principal del vecindario y otra que se llama Christiana. (?Me pregunto qué haría él)

Alguna vez escuché que para llegar al lago nada más bastaba con pasar detrás de una de las casas del extremo noroeste del vecindario. Pero aquella vez nos dimos cuenta (quienes discutíamos pues) que era propiedad privada.

Siendo un tipo de tez oscura y estando sólo, no quería ganarme enemigos. Decidí buscar aquel potrero que habrían convertido en otra subdivisión entre dos que ya existían. Construyeron 25 casas (o algo así, no importa, son muchas) en un lote donde antes había una colina que daba al lago. Me imaginé que detrás de este nuevo vecindario debería haber una salida a la orilla.

“Cómo no”, pensé.

***

Un cuarto de milla por Christiana y llegué donde cruzan las torres eléctricas. El calor era insoportable; pero para qué renunciar ahora. Tantas veces que paso por acá y no me había dado cuenta que la entrada a la nueva subdivisión había bloqueado el camino silvestre que daba al lago.

Pero allí estaba; detrás de unas rejas en espacio público. Pues la brinqué, y seguí el camino. Me sentí en el pueblo donde creció mi papá. Plantaciones silvestres, acompañadas por el zumbido de insectos. La colina obligaba al camino a culebrear arriba y abajo. Yo lo seguí, llegándo al extremo de la subdivisión, la cual estaba a un costado.

Pude ver cómo un hombre trabajaba en su patio. Construyendo algo; no se qué. Pensé en detenerme y regresar, pero dije, esto es espacio público. No me puede decir nada.

El camino se escondía detrás de un quiebre, tal como siempre sucede en estos caminos silvestres, que esconden su destino tras una loma relativamente pequeña. Cuando por fin rebasé la colina, me topé frente a frente con una construcción netamente humana; una pequeña represa a la orilla del lago. Allí estaba, unos 30 escalones en tres costados que albergaban una alberca puerca. Tres niños pescaban.

No se voltearon a verme; seguían concentrados en tratar de rescatar su tarde pescando lo que fuese.

Dejé el camino, que seguía bajo las torres eléctricas y se perdía en el horizonte. Crucé la maleza por donde alguien antes había hecho lo mismo pues la grama estaba pisoteada. Luego trepé por los escalones de la represa. Llegando a la cima lo vi; el lago.

Una masa de agua contaminada; una playa llena de latas de cerveza, empaques de nylon para pescar, basura por doquier. A unos cinco metros de la orilla estaba el sistema de alcantarillado que canalizaba el agua a la represa. Una torre de concreto que salía del agua la cual emitía una bulla espeluznante. Pero igual, el agua abatía con calma la orilla de aquel lago - insaciablemente.

Y yo, a la orilla; sentado y pensando. “?Qué le saco a este paseo? Te hubiera gustado venir a ver esto? Importa que fuera una playa sucia? Importaría la compañía?”

Mi conclusión: al fin llegué a la orilla del lago. Tan cerca que estuvo todo este tiempo y que nueve años después decido visitar. Más vale tarde que nunca, pues el agua seguía abatiendo la playa con calma. Con calma.

lago.jpg

  • del.icio.us
  • Spurl
  • Facebook
  • SphereIt
  • TwitThis
  • Digg
  • Reddit

Post a Comment

Your email is never published nor shared. Required fields are marked *

*
*
Copyright © 2007 a2lv.com. All rights reserved.