Verás, es parte de este proceso tan paulatinamente catártico.
Me cuesta creer que después de tantos días de abrumadora certeza y capa fuerte, ha llegado la hora tardía de la madrugada, y estoy frente a una pantalla y con un teclado a mis dedos, llorando.
Lastimosamente, por más de que el ideal del sentimiento prefiera que las cosas volvieran a tomar forma del castillo de arena en nuestra playa gris, sé que es cuestión de sensatez y de absoluta certeza de que vendrá la marea, y lo derrumbará.
A veces es necesario recostar la cabeza sobre una almohada desatendida; dejar que los pensamientos se empiecen a cocinar como en un sartén hirviendo, impidiendo que me duerma.
Hace ya varios días que no leo Rayuela; quiero seguir leyéndola, he logrado entender el propósito de la historia. Pero como buen libro que es, me he logrado identificar con un individuo que ayuda a que su propio fin sea una copa de vodka servida sobre una mesa, a las 3 de la mañana, y sin dueño alguno. El único en el cuarto, es él.
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La casa que se llena de una manera improvisada se vacía aún más rápido. Pensé haber olvidado la tristeza que invade lo que la soledad prepara. Quizás mi turno en realidad llegará; quizás fuiste tu y no lo supe descubrir.
Conocí una vez una persona que gustaba de las velas. Pero siempre que le regalaban una, no prendía las mechas. Debí haber guardado la costumbre, y haberte regalado una. Así te diría ahora, préndela unos minutos todos los días, quien quita y cuando esté por derretirse la última gota de cera, podamos compartir un almuerzo.
Addendum: He aquí el prólogo a los 27 episodios.








One Comment
Tal vez la vela lleva prendida mucho tiempo.. al lado de una cena que se convirtio en juguete mientras esperaba quien la disfrutara… Al final de la ultima gota descubriras el centro de la luz y lo enigmatico que reside en ella…
Tan solo alguien que pasaba y noto lo que escribias..