Oliveira es un canalla


Van siquiera 10 capítulos de los precindibles, y Horacio Oliveira ya me huele a canalla. Cortazar me pinta una historia de amor bastante típica; París, la magia de navegar las calles a ciegas y siempre encontrarse en el mismo lugar (capítulo 6) y por supuesto, la poesía del capítulo siete.

La esencia es capturada en el blog de La donna è mobile:

Dice la leyenda que este capítulo encierra el secreto del amor correspondido. Si el enamorado es capaz de salir de una librería de libros de segunda mano con la hoja de este capítulo entre las manos, y se la hace llegar a la persona a cuyo amor aspira, ésta caerá rendida a sus pies.

Por eso a tantos ejemplares les falta el capítulo 7.

Vaya, me parece un ejercicio digno de repetir. Alguna vez alguien me regaló una copia de Rayuela, sin entender lo triste que significaba su obsequio.  Será que la dedicatoria de aquel tomo, por ser tan incompatible con la naturaleza de la novela, la convierte en unas líneas triviales?

Por otro lado, Cortazar hace rápida presentación de la lambonería entre la Maga y Oliveira. Mientras que en un principio eran dos peces jugando a Juan Luis Guerra, ahora es Oliveira un carácter soberbio: del capítulo nueve:

    La Maga se apretó todavía más contra él. <<Ahora ésta va a decir alguna de sus burradas>>, pensó Oliveira. <<Necesita frotarse primero, decidirse epidérmicamente.>> Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma.

 

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