Al comienzo del capÃtulo 4 , Oliveira escucha sin concentración la conversación fluida de la Maga. Mientras ella recuenta un poco de cómo fue a parar a ParÃs, comenta que una de sus amigas de Montevideo no la fue a despedir al muelle de partida porque, según la Maga, su amiga era un snob.
- Qué entendés por snob? - preguntó Oliveira, más interesado.
- Bueno - dijo la Maga, agachando la cabeza con el aire de quien presiente que va a decir una burrada -, yo me vine en tercera clase, pero creo que si hubiera venido en segunda Luciana hubiera ido a despedirme.
- La mejor definición que he oÃdo nunca - dijo Oliveira.
Sobre todas las cosas Horacio Oliveira se me presenta como el ego de una persona demasiado confiada; brota de su pensamiento un elitismo de mentalidad y filosofÃa que es difÃcil de entender sin leer dos o tres veces sus retallas.
Es más, en el capÃtulo 84 (que precede al #4), hay una diagramación interesante del texto. Existen quiebres entre parrafos incompletos que sólo podrÃan considerarse como el paso de un pensamiento a otro. El capÃtulo está narrado en primera persona. Abre asÃ:
Vagando por el Quai des Célestins piso unas horas secas y cuando levanto una y la miro bien la veo llena de polvo de oro viejo, con por debajo unas tierras profundas como el perfume musgoso que se me pega en la mano.
Para ilustrar el quiebre de fluido:
…Pero hay palabras para una materia entre palabra y visión pura, como un bloque de evidencia. Imposible objetivar, precisar esa defectividad que aprehendà en el instante y que era clara ausencia o claro error o clara insuficiencia, pero
sin saber de qué, qué
Otra manera de tratar de decirlo: Cuando es eso, ya no estoy mirando el mundo, de mà a lo otro, sino que por un segundo soy el mundo, el plano de fuera, lo demás mirándome.
Precisamente. La inquietud que le despierta la Maga sobre la palabra snob nace desde que Oliveira quiere averiguar cuan es capaz ella de adivinarle su banalidad y sensación de “superioridad” menta.






