Empecé “Rayuela” como he empezado todos los (pocos) otros libros que he leÃdo. En desorden, desconcentrado, pensando en la música que necesito para concentrarme más que en la lectura que hacen mis ojos.
Del primer capÃtulo del orden Cortazar (el orden que propone Julio al principio de la novela), es decir, el 73, me queda el vago recuerdo de una comparación entre dos opuestos.
Hay una frase que resona en mà aunque desconozco de su significado total:
Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máqueinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ?no será otra vez literatura?
Más adelante, Cortazar a través del narrador aboga por que la literatura sea la máxima creación o invención nuestra. “Nuestra verdad posible”, dice.
También veo la primera referencia a Morelli.
Morelli pensaba que el tornillo debÃa ser otra cosa, un dios o algo asÃ. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenÃa la forma de tornillo.

No tanto como Ceci n’est-ce pas une vis. O si?







